Lo que Killy me ha enseñado

Killy

Ayer se fue Killy. Esta noche ha dormido ya en otro sitio, y hoy despertará allí, junto con Hugo, mi primer bulldog, que seguro que se lleva una alegría de volver a verle, y de Rasta, la pastora alemana con la que se crió en casa de María, que estará haciendo cabriolas a su alrededor para recibirle. Allí podrán correr libres, sin collar ni correa, feliz, como a él le gusta, de lado a lado, investigando todo, recorriendo cada rincón, conociendo a su nueva pandilla perruna, husmeando, marcando el territorio y ladrándole al aire. Fuerte, bien fuerte, con su voz profunda, imponiendo respeto y dejándole saber a todos que ya está allí.

Llegó a casa de María hace 13 años. Eran momentos duros, y Killy llegó para dar consuelo y compañía, y vive Dios que lo hizo a plenitud. Rasta ya estaba mayor, y la entrada de un cachorro en casa supuso una inyección de vida para ella. Me cuenta María que era un cachorro vivo, inquieto, juguetón, como suelen ser los cachorros. Pero con la fuerza y la vitalidad de un Rottweiler, que es mucha. La pobre Rasta tuvo mucha paciencia y no era raro verla correr por el pasillo de casa con Killy enganchado a su cola, que debía pensar que era un juguete peludo que era divertido de morder.

Desde jóven se le enseñaron normas. Entre todos. Rasta le enseñó dónde y cuándo hacer sus cosas, y Killy siempre ha sido rápido aprendiendo. En 2 semanas ya hacía sus cosas sólo en la calle. La imitación, que es una gran escuela. Desde el primer momento hubo también que marcarle límites. Y Miguel y María se aplicaron con interés. Fueron incontables las veces que hubo que cortarle un gruñido, abrirle la boca si mordía, quitarle la comida a mitad, chistarle, darle en el morro, o voltearlo y presionarle el pecho, para que tuviera claro que quien mandaba en esa casa no era él, por muy Rottweiler que fuera. También en eso fue rápido aprendiendo y siempre supo su lugar en la manada.

Enseguida creció y se convirtió en un ejemplar imponente. Su planta, espectacular. Su cabeza, su pecho, sus andares, todo era fortaleza, y siempre andaba pegado a María, estuviera ella donde estuviera. Si María estaba en casa estudiando, él estaba debajo de la mesa, si se movía a algún sitio, él iba con ella. Si se ponía enferma, casi casi le traía las medicinas, y no dejaba que nadie se acercara a ella. Si se sentaba en el sofá, él a sus pies. Si había que dormir, él en su habitación. Y si María se ponía las zapas, la casa era una fiesta !! Killy sabía que tocaba correr o paseo largo, y a él le encantaba eso, daba igual la hora que fuese.

Rasta seguía envejeciendo, y llegó un momento que no aguantaba el ritmo imparable del terremoto de Killy. Le empezaban a fallar las patas traseras y empezaba a tener alguna molestia. Killy siempre estuvo a su lado en esos momentos. Todo lo grande que es, y la delicadeza que es capaz de mostrar cuando hace falta. Escapándose sigilosamente a la cocina a robar un paño para ponérselo por encima de la cadera a Rasta, para protegerle y darle calorcito, o levantándole por el arnés cuando oía a Maria coger los collares y las correas, para hacerle más fácil caminar.

En la calle era un investigador nato. Eran tiempos en los que se podía soltar a los perros para que jugaran, y Killy se conocía cada detalle de los solares y parques de alrededor de casa de María. El se iba por su cuenta, y de vez en cuando volvía, moviendo el culo feliz para comprobar que seguíamos allí. Tenía un especial ojo y olfato para encontrar pelotas de tenis, colgadas desde un pista de una urbanización cercana, y no era raro que apareciera con hasta dos y tres pelotas en la boca, que te venía a dejar a los pies para empezar un interminable juego de lanzar, ladrar, esprintar, más ladrar, derrapar, recoger y traer de vuelta. Incansable. Imparable. Cuantas más veces mejor. Cuanto más lejos mejor.

Ese espíritu investigador también propició algún susto, como aquella vez que María y Miguel le regalaron a su madre 1kg de bombones… y no fue ella la que se los comió !! Pero es que estaban muy a mano en la mesa de la cocina…

No fue ese el único susto. Otro día, de paseo con Miguel y sus amigos, se tragó una piedra jugando. La piedra era tan grande que pasó por la garganta, pero una vez llegó al estómago ahí se quedó, y no pasaba para adelante ni para atrás. Hubo que abrir. A vida o muerte. De arriba a abajo. Todo fue bien, Killy es un perro muy fuerte, y María aún guarda la piedra como recuerdo. El postoperatorio lo hizo en casa – ventajas de tener una madre enfermera y una tía veterinaria – y María era quien le daba suero, medicación y curas cada 2 horas. El mayor peligro era que se abrieran los puntos que le atravesaban la barriga de lado a lado. Por eso, tocaba tranquilidad, reposo y alimentación líquida o casi. Leche, migas de pan mojadas, o un poco de pienso dejando que se ablandara a remojo. Pero eso no era lo que un perrazo como Killy quería, así que en un descuido, 2 días después de la operación, se escabulló hasta la cocina, y robó y se zampó una maza de jamón. Enterita. Sin un sólo ruido. En un visto y no visto. Y a partir de ese momento se recuperó del todo. Relamiéndose de vez en cuando para ver si aún quedaba algo de ese sabor tan bueno en los bigotes…

A Juanito – mi bullog – lo conoció de cachorro, desde el día que vino a casa, hace casi 8 años ya, y enseguida ejerció de padre con él. Le corregía, le enseñaba, le marcaba y le aguantaba con paciencia todas las trastadas que hacía, como cuando se metía, “a investigar”, DENTRO de su boca. Era una estampa curiosa, Killy tumbado en la alfombra, mirándote con cara de resignación, la boca abierta de par en par, y Juanito completamente dentro, jugando a Jonás y la ballena.

A mi casa se trasladó hará unos 3 o 4 años, junto con María, porque esa fue la única condición que puso ella. Donde yo voy, Killy viene conmigo. SIEMPRE. Al principio todo se nos hacía raro. Juanito se pasa el día durmiendo, y Killy es más de investigar, y seguirte por toda la casa, siempre atento a lo que haces, y además es el doble de grande, por lo que llega a sitios donde Juan ni se plantea llegar. Además, era la casa de Juan, y éste, en más de una ocasión, intentaba reclamarla. Pero Killy, con su infinita paciencia y la sabiduría de la edad, siempre supo estar en su sitio, aguantando cuando procedía, y dándole un revolcón a Juanito cuando eso era lo adecuado. “Se habrá creído el pequeñajo!!” parecía pensar, cuando se marchaba todo digno del lugar camino a su sofá…

En dos días le conocían todos los perros del barrio, y sabían que, a pesar de su tamaño y su aspecto, era un perro bueno e inofensivo. De hecho, alguno hasta le atacó en alguna ocasión, haciéndole incluso sangre, y él no respondió, sino que simplemente se deshizo del ataque. Juanito si que saltó a por el perro que se atrevía a atacar a Killy, pero eso es otro cantar. Cosas de la manada…

Nunca olvidaré su mirada atenta, sus orejas que se levantaban al más mínimo ruido, y lo rápido que venía a tu lado en cuanto movías un músculo. Siempre atento. Siempre noble. Siempre fiel.

Siempre he dicho que quienes tenemos perro aprendemos más de ellos que ellos de nosotros. Es una escuela impagable. De liderazgo, de vida, de valores y de mucho más. Y lo mantengo. Killy me ha enseñado. Muchas cosas. Muchas más que yo a él, seguro. Me ha enseñado a ser más noble. A mirar de forma más sincera. A mostrar mis sentimientos. A cuidar y preocuparme más de los míos. De cerca y de lejos, como buen pastor. Haciéndoles saber que estoy, pero sin agobiar. A ser más curioso. A no tener miedo a probar cosas e investigar, incluso aquellas cosas que te dicen que no se pueden hacer. A confiar en mi fuerza. A que me de igual que la gente rechace un aspecto que puede imponer, y a ganarme a la gente con hechos, desmontando estereotipos de mierda. A tropezar y levantarme. A ladrarle al viento cuando corro o cuando voy en la moto, bien alto, para celebrar que estoy vivo. A hacer una fiesta cuando María vuelve a casa, da igual que se haya ido 5 minutos, 5 horas o 5 días. A jugar hasta el último minuto. A suspirar cuando algo me cansa. A buscar las caricias y a hacerlas. A querer. A vivir un poco más y mejor.

Se fueron 54 kilos de nobleza. 54 kilos de bondad. 54 kilos de amor innegociable a los suyos. Un ejemplo para muchos de nosotros. Una gran lección de actitud vital que no debe quedar en el olvido.

Allá donde estés, Killy, se feliz y reparte amor, como tú sabes hacer. Al final no conociste el mar. A pesar de eso, quiero pensar que fuiste feliz a nuestro lado. Nosotros si que lo fuimos contigo. Seguro que allí arriba tienes playas inmensas donde correr y ladrar. Cuídanos aquello. Algún día nos volveremos a encontrar. Te queremos.

Descansa en paz !

L & M.

Lucas
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Lucas

Mi nombre es Lucas. Generación del 71. Harlysta y esquiador. Trabajando en el mundo del Marketing y la Comunicación desde 1994. Por cuenta propia desde 2006, ayudando a las marcas a (re)conectar con sus clientes. Y eso suele incluir repensar mensajes, beneficios, textos, estrategia de marca, canales y formas de contarlo. Con un gran peso de todo lo digital, como es natural en estos tiempos.
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20 thoughts on “Lo que Killy me ha enseñado

  1. “Siempre he dicho que quienes tenemos perro aprendemos más de ellos que ellos de nosotros “…sin ninguna duda Lucas, los animales nos hacen ser mejores persona y a valorar lo realmente importante, ellos detectan muchas cosas que nuestra ” educacion ” nos ha atrofiado o nos a hecho olvidar.
    Nosotros perdimos a Danka , nuestro Pastor de Brie hace ya casi un año y pese que hemos intentado llenar su espacio con un par de Teckels ” terremoto” ,no hay dia que salga al campo que no lo estrañe… cuando se van se llevan un trozo de tu vida.

    Un Fuerte Abrazo desde el Pirineo , de otro Enamorado de los Animales.

  2. Lo siento Lucas, los dueños de animales somos afortunados, te enseñan la vida y por desgracia suelen suelen faltarnos antes que nosotros nos vayamos.

    Te imagino lagrimoso, estoy yo así que vosotros…. Animo y fuerza !

  3. Te mando un abrazo muy fuerte desde los pies de Javalambre Como buenos “perreros” sabemos lo que es perder un amigo peludo y el dolor que se siente. Sólo nos consuela saber que les hemos dado la mejor vida posible, que nos han entregado la suya con la mayor generosidad y que su recuerdo enriquecerá nuestras vidas siempre, con sus gestos, sus anécdotas, sus miradas cómplices.
    Trece años es mucho tiempo,te ha dado el máximo!!
    Un abrazo amigo!!!!

  4. Toda mi vida quise tener un perro y, desde hace 3 años, he cumplido ese sueño. Ahora que lo tengo, y que lo quiero, es imposible permanecer indiferente al saber que alguien ha perdido a su mascota, porque es ahora cuando se que, cuando un perro entra en una casa, empieza a formar parte de la familia y se le quiere como a un primo o a un hermano.

    Muchos ánimos para ti y para Maria, de corazón.

  5. Querido Lucas.
    Quiero darte gracias por el post. Gracias por contarnos cómo fue Killy, por compartir un poco su/vuestra vida y por vivir con esa sensibilidad que demuestras frente a tu imagen de “duro motero calvoconbarba” Yo me rindo ante la sensibilidad de las personas, ante el cariño y las palabras desde el corazón. El día que me pase a mí no sé cómo voy a reaccionar ni qué va a pasar pero te doy las gracias por enseñarnos cómo hay que hacerlo. Un beso fuerte para tí y para María. A Kylly decirle que ojalá le conozca algún día, que le conozca yo y que le conozca mi pequeña Bi. A partir de hoy soy fan.
    Un fuerte abrazo!!!
    Jon Bóveda

  6. Hola Lucas,
    Casualidad que hablamos hace un par de días de nuestros amigos Rottis, yo la verdad vivo desde siempre entre los mejores amigos del hombre, y desde luego, el que dijo éso dijo una gran verdad, nunca nos abandonan, siempre están ahí, a nuestro lado, no importa de que humor estemos, éllos nos dan su cariño en cualquier momento.
    Me hace gracia cuando dices que Juanito entra en la boca de Killy a investigar, al mío “Buda” le hace lo mismo el “Nahi”, es increible el control de la fuerza que tienen éstos perros, con el poderío que tienen.
    No me extiendo más, quédate con los momentos tan buenos que te ha hecho pasar, y ánimo, que 2 Rottis míos estaran encantados de que llegue un nuevo amigo.

    Saludos,

  7. ¡¡Un fuerte abrazo y mucho ánimo Lucas!!

    Esta carta a tu fiel amigo es indescriptible. Desprende amor por los cuatro costados.

    A buen seguro muchos de los que no entiendan lo que supone compartir su vida con un peludo, de las experiencias que se están perdiendo, de la lealtad de estos animales, del amor incondicional que dan, a partir de ahora lo vean de otra manera o por lo menos reflexionen acerca de ello.

    Vivo día a día las crueldades del ser humano hacia estos magníficos animales de compañía y compañeros, y te puedo asegurar que pocas veces había desprendido una lágrima por un gesto como el tuyo, por tu carta, por tu sensibilidad, por algo alegre y bonito a pesar de la pérdida.

    Me has hecho partícipe de tus vivencias con Killy y te lo agradezco. Gracias Lucas, de corazón, gracias.

  8. Lo siento Lucas. Seguro ha sido una gran pérdida, como demuestran tus palabras expuestas, además, a nuestra lectura pública.
    Con tu permiso lo voy a compartir en mi face y con algunos amigos que, seguro, lo entienden mejor que muchos de nosotros que, actualmente (aunque lo tuvimos), no tenemos uno de estos inseparables y fieles amigos.

  9. He conocido este relato de mano de Juan Segui en FB y no podia quedarme callado.

    Tan solo decirte que lo siento, que los buenos siempre se van antes y que te quedes para siempre con la ristra de buenos recuerdos que Killy te regalo sin esperar nada a cambio.

    Te cito
    “quienes tenemos perro aprendemos más de ellos que ellos de nosotros. Es una escuela impagable”
    Cuanto nos queda por aprender de los animales.
    Un saludo

  10. Que radiografía tan extraordinaria cómo persona nos has reflejado a todos con este cariñoso y sincero post.

    Un saludo y ánimo.

  11. Lo siento mucho Lucas. Creo que solo los que somos amantes de los perros podemos comprenderte. Solo he leido el primer y ultimo párrafo y no he podido leerlo entero porque nunca supere la perdida de mi primera “amiga-peluda”. Killy no conoció el mar pero tuvo el mejor de los mares: un hogar donde se le queria. Animo

  12. Ciclo inevitable de dolor por el que las personas que apreciamos el Valor de un perro sufrimos varias veces en la vida. Como bien dices al final del relato, “ellos nos están esperando”. Ánimo y un abrazo.

  13. Me alegra leer un post así. Demuestra el respeto y amor que ambos habéis sentido en estos años.
    A tus múltiples virtudes, que solo conozco vía redes y un breve encuentro en el primer CWZGZ, añado la sensibilidad que demuestras hacía los animales.
    Si vienes a La Rioja en Harley y una Kawa versys te da ráfagas quizá sea yo.
    DEP Killy

  14. Sentimos mucho tu perdida. Quienes compartimos el día a día con estos bichillos, sabemos lo que significa cada uno de los sentimientos que has expresado…son parte de uno y cuando se van, también se va una parte de nosotros.

  15. Y pensar que hay gente que no puede llegar a comprender lo que sentimos por nuestros perros… Será que nunca han tenido la oportunidad de conocer a uno de ellos.

    Por todo lo que cuentas, seguro que fue feliz junto a vosotros.

    Saludos.

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