El ruido no nos deja pensar

Para  mi, el ruido es una de las grandes plagas con las que nos toca convivir. Vivimos tiempos donde la gente se pone la televisión para que “le haga compañía“, donde los chavales ven normal ir escuchando trap en su móvil puesto en modo altavoz, donde los críos gritan en restaurantes “porque son críos y es lo normal” (o eso dicen sus padres), y donde los “periodistas” de la tele han olvidado hace tiempo lo que es hablar, y se dedican a lanzarse berridos.

Y ese ruido físico también es ya nuestro compañero habitual – y parece que inevitable – en el mundo digital. Perfiles en todas las redes habidas y por haber, actividad continua, preguntas lanzadas al viento, respuestas, menciones, comentarios, favoritos, likes, corazones… un gran agujero negro capaz de absorbernos la jornada a la menor ocasión que le demos. Y parece que nos nos damos cuenta de ello.

Ayer salí “a dar una vuelta” con la moto y me pasé todo el día en la carretera. Una de las cosas que más aprecio de salir a rodar largo en moto es la sensación de paz, de conexión desconectada, que consigo alcanzar. Ese momento en el que estando muy presente en la conducción, y siendo extremadamente consciente del entorno, la mente es capaz de vagar y hacer conexiones casi mágicas. Donde las ideas que estaban agazapadas en tu subconsciente, como avergonzadas de salir a la luz, reúnen el coraje necesario para dar el impulso final y se aparecen ante ti, solucionando ese problema que llevaba tiempo rondando en tu cabeza. Ayer prácticamente no tuve ni un momento de esos, y eso que estuve 18 horas y 14 minutos en la carretera. ¿La razón? Mi nueva moto lleva música. En teoría un avance, pero que tiene esas contrapartidas que no percibimos. Fui consciente de ello a la altura de Alfaro, pasadas las 12 de la noche, en el último tramo de la ruta. Desde que salí de Zaragoza a las 7 de la mañana no había estado ni un momento sin música. Y la música – una forma de ruido afinado en cierto modo – no (me) deja pensar, porque dirige el hilo de mis pensamientos, haciéndome cantar su letra.

Creo que a muchas marcas les está pasando eso mismo. Viven tarareando el ritmo que les marcan otros. Abriendo perfiles donde se mueven las masas, o donde está su competencia. Pero sin parar a pensar si eso es lo adecuado para ellos. Moviendo el pie al compás que les marcan los medios, que insisten en que tienen que estar. Bailando las canciones que otros componen, con las que ellos se mueven con mejor o peor resultado. Sin pararse a pensar si esa es su fiesta o la de otro. Y con su actitud, contribuyen al ruido general, generando a su vez más ruido, y arrastrando al tímido y al torpe al centro de la pista con ellos.

De vez en cuando es bueno tomar algo de distancia. Salir fuera a tomar aire. Mirar desde la barrera. Pensar antes de hacer. Medir las obligaciones con espíritu crítico. Es una muy buena manera de evitar hacer el ridículo. O cuando menos, de no hacerlo por dejarnos llevar por las modas ni las obligaciones impuestas.

Quizás esta fiesta de las redes sociales no sea tu fiesta. O quizás no TODAS las redes sociales sean para ti. Y no pasa nada por no estar. De hecho, para estar de según qué maneras, es casi mejor no estar. Porque a veces dice más una mala gestión que una no presencia. Y estar por estar, publicar lo mismo en todos los canales, ametrallar al personal con enlaces al peso y demás malas prácticas lamentablemente habituales, es una mala gestión.

Apaga la música y piensa. Repasa lo que estás haciendo y asegúrate de que no es el ridículo. Porque es mejor estar bien, en los lugares adecuados, y sumar, que estar mal en todos los sitios, y restar. Y si no sabes, pide ayuda.

Paz!

L.

Lucas
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Lucas

Mi nombre es Lucas. Generación del 71. Harlysta y esquiador. Trabajando en el mundo del Marketing y la Comunicación desde 1994. Por cuenta propia desde 2006, ayudando a las marcas a (re)conectar con sus clientes. Y eso suele incluir repensar mensajes, beneficios, textos, estrategia de marca, canales y formas de contarlo. Con un gran peso de todo lo digital, como es natural en estos tiempos.
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