El perverso encanto de la visibilidad

Hablamos mucho de la calidad, del engagement, de la interacción, pero es innegable que el alcance, la visibilidad, forma parte de esa ecuación. Obviamente es mejor llegar al alcance a través de la interacción orgánica (que la calidad nos lleve a la cantidad), pero el propio dato del alcance – el cuántas personas han visto lo que has creado – tiene un innegable encanto en sí mismo.

Para muchos es una especie de confirmación de que lo están haciendo bien. De que su mierda interesa. Y no deja de ser una interpretación posiblemente errónea y superficial, porque una cosa es ver, y otra muy distinta – y no necesariamente consecuencia directa de la mera visualización – es gustar. Y si nos encontramos con que mucha gente ve algo que no le gusta… pues estamos haciendo un pan como unas hostias. O como dijo en su día un amigo: “Tener twitter no te hace listo, pero puede hacer que muchas personas descubran que eres gilipollas”. Amén, hermano.

Dicho lo cual, y aún a riesgo de ser acusado de incongruente, a todos nos gusta que nuestras creaciones – un post, un tweet, una publicación o lo que sea – llega a muchas personas. Nos da gustirrinín ver números gordos, reconozcámoslo. Es como si ya con eso medio-compensara el esfuerzo de hacer lo que hacemos. Incluso a los más nazis del engagement – ¡presente! – nos ocurre de vez en cuando aunque nos cueste reconocerlo.

Pero incluso cuando esos números son altos, creo que debemos seguir siendo críticos con nuestro trabajo, para no caer en la autocomplacencia. En el limitarnos a hacer aquello que “sabemos que funciona”. Si queremos seguir avanzando, debemos incluir nuevos retos en nuestras rutinas, precisamente para romperlas y mantenernos frescos. La semana pasada Casey Neistat anunciaba que abandonaba su vlog. Que dejaba de subir 1 video diario a su canal de youtube. Y lo hacía en el momento más dulce de su “carrera como youtuber”. A punto de los 6 millones de suscriptores, con más de 2 millones de visualizaciones de media en  sus videos pequeñas joyas diarias y creciendo a un ritmo imparable. Después de haber sido nombrado “youtuber del año. Con unas cifras de interacción espectaculares y un reconocimiento en el medio inigualable. Tras haber creado un “estilo Neistat”, hasta el punto de que cualquier persona que usara time-lapses sincronizados con música o que uniera planos cortos en secuencias rápidas para mostrar un proceso o que montara su cámara en un joby gorillapod sabía que iba a ser acusado de copiarle. Del deseo que ha creado en medio universo youtuber (y no youtuber) por tener un Boosted Board ni hablamos. Y en ese lote me incluyo. Y con todo y con eso, anuncia que lo deja.

Y lo hace porque reconoce que se había instalado en una rutina en la que se limitaba a hacer lo que sabía que funcionaba. Y haciéndolo era el mejor y obtenía grandes resultados. A todos los niveles, ingresos económicos incluidos. Pero en su video de despedida decía que eso no era un reto suficiente y que echaba en falta el estímulo para probar cosas nuevas. Y que obviamente, dedicando 16 horas diarias al vlog no tenía tiempo para más. Así que, adiós vlog. Ciao. Bye, bye. Auf Wiedersehen.

Y desde este humilde tribuna le aplaudo la decisión, aunque me haya dejado huérfano, sin mi video diario. Y le envidio. Porque estoy seguro de que no va a ser un parón sino un empujón hacia arriba. Si era capaz de crear pequeñas historias de ese nivel sólo con su día a día, qué será capaz de crear dedicando una semana a contar una historia. O un mes, da igual. Está por ver, pero seguro que será aún mejor.

Esa capacidad de ponerse uno mismo en la zona roja, en la zona incómoda en la que te metes cuando pruebas cosas que pueden salir muy bien, pero también muy mal, es la que le envidio. Porque son esas decisiones, esas acciones, esa inquietud y valentía, las que hacen avanzar no sólo a quien las toma, sino también a quienes miramos con admiración a quien las toma.

Pero claro, en muchas ocasiones, el gustito de la visibilidad, el embelesamiento del ombligo propio, nos atrapa y no nos deja ir más allá. No vaya a ser que la competencia tenga más followers que nosotros. Ah no, eso no. Que nos cruje el jefe. O el cliente. O el ego, que es aún más déspota. Y no nos damos cuenta de que el mundo es de los valientes que se atreven.

#HagamosCosas

Paz!

L.

 


30/11/16

No me equivocaba mucho en lo que decía. Casey Neistat anuncia que ha vendido su empresa (Beme) a CNN y que juntos van a lanzar un nuevo proyecto. Aquí está el video

Lucas
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Mi nombre es Lucas. Generación del 71. Harlysta y esquiador. Trabajando en el mundo del Marketing y la Comunicación desde 1994. Por cuenta propia desde 2006, ayudando a las marcas a (re)conectar con sus clientes. Y eso suele incluir repensar mensajes, beneficios, textos, estrategia de marca, canales y formas de contarlo. Con un gran peso de todo lo digital, como es natural en estos tiempos.
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