Primero hazlo bien. Luego haz publicidad

Nos están “educando” para pensar todo a lo grande. Para ser grandes. Para crecer sin límite. Si tu app no tiene un millón de descargas, no merece la pena. Si tu video no tiene 3M de views, es un fracaso. Si tu foto de IG no recibe 100k, bórrala. Si tu post no lo leen 300k para qué escribes. Y eso hace que todo el foco lo estemos poniendo en los indicadores incorrectos. Los de volúmen.

Además, a ese error le metemos un acelerador que hace que descarrilemos frecuentemente, porque pretendemos llegar a esas cifras mañana. Pasado mañana a más tardar. COMO SI NOS LO MERECIÉRAMOS.

Y olvidamos – por conveniencia o ignorancia, eso ya no lo sé – que los resultados, cuando llegan, lo hacen como consecuencia de un trabajo previo. Que, aunque haya excepciones, quien consigue tener buenas cifras de audiencia e interacción, es porque está haciendo las cosas bien, y además distintas al resto. Y que posiblemente, si tus cifras son más discretas, quizás sea porque tampoco te mereces (todavía) mejores números.

Hemos perdido la paciencia y la perspectiva. Ambas. Nos vemos con ojos golosos, y nos creemos el centro del universo sin serlo. Y eso hace que, en ocasiones, descuidemos elementos esenciales. Si ofreces un servicio, si vendes un producto, preocúpate primero de que éste sea extraordinario. Que la experiencia de compra y/o de uso sea maravillosa. Que resuelva realmente el problema o la necesidad de un grupo suficiente de personas, y que lo haga de manera excepcional. Que les haga sentir bien. Que les haga sentirse excepcionales. Y que ese sentimiento, esa sensación, sea la que alimente tu crecimiento. Que tu narrativa sea consecuencia de la experiencia de tus clientes. Que tenga una base real, comprobable, y no sea solo una ilusión “de marketing” que desaparece en la primera interacción.

El refranero tradicional lo tiene muy claro. Aunque la mona se vista de seda, mona se queda. Jason Fried también: You can´t paint over a bad experience with good advertising or marketing¹.

No nos saltemos pasos. No pretendamos crecer por encima de nuestros méritos. Preocupémonos primero de hacer las cosas bien. De sentar las bases. De confirmar que nuestra visión es compartida. Que entendemos a nuestra audiencia. Que sabemos ejecutar. Que dejamos a nuestros clientes satisfechos y con ganas de más. Que estarían dispuestos a recomendarnos, a difundir nuestra propuesta. Y entonces, hagamos publicidad. Entonces, construyamos nuestros esquemas de marketing. Definamos nuestra narrativa, pero hagámoslo como las películas (insufribles) del mediodía de Antena 3: basadas en hechos reales.

Paz!

L.


¹ Fuente: Rework

Lucas
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Mi nombre es Lucas. Generación del 71. Harlysta y esquiador. Trabajando en el mundo del Marketing y la Comunicación desde 1994. Por cuenta propia desde 2006, ayudando a las marcas a (re)conectar con sus clientes. Y eso suele incluir repensar mensajes, beneficios, textos, estrategia de marca, canales y formas de contarlo. Con un gran peso de todo lo digital, como es natural en estos tiempos.
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