Tiempo para pensar

Vivimos en una dinámica tan desenfrenada de obligaciones autoimpuestas, de agendas imposibles, de compromisos ineludibles que nos inventamos, y de objetivos absurdos marcados al tuntún, que nos dejamos arrastrar por la vorágine, sin realmente plantearnos nada, solo intentando averiguar qué tenemos que hacer para llegar a todo.

Dejamos que sean otros los que nos impongan obligaciones, los que decidan por nosotros a qué tenemos que dedicar NUESTRO tiempo, los que nos llenan la agenda de compromisos, los que nos marcan la ruta que tenemos que seguir. Y al final no llegamos a meta, o llegamos derrapando sin control, braceando, con cara de susto y consiguiendo mantenernos en la ruta por los pelos.

Cada vez me encuentro más gente en esa situación. Será que nos hacemos mayores y afortunadamente (o no) la gente sigue ascendiendo y ocupando puestos cada vez de mayor responsabilidad. Pero por el camino nos vamos dejando lo más importante si queremos ser dueños de nuestro mañana: La capacidad de reservar un tiempo para pensar. Y respetarlo, haciendo que esa sea la reunión más importante del día. Y usar ese tiempo para mirar alrededor. Para ver quién tenemos a la vista y qué están haciendo. Para girarnos y ver la estela que estamos dejando y así asegurarnos de que estamos avanzando en la dirección adecuada, o al menos en UNA dirección, y no en un zigzag continuo. Y también, obviamente, para mirar hacia delante y elegir nuestra ruta, o al menos fijar una dirección.

Porque el trabajo no tendría por qué ser una locura, ni lo único en nuestras vidas. Tendría que ser algo gratificante que nos dejara con buen sabor de boca (y puede que hasta ganas de más), y no algo que nos vuelva locos y nos haga perder vida. Aunque eso, me temo, implica MUCHOS cambios con respecto a cómo trabajamos hoy en día.

Jason Fried y David Heinemeier (@DHH) lo explican mucho mejor que yo en su libro. Y también en este podcast. Y Fefo también lo menciona en este otro.

Seguro que crees que no tienes tiempo para esto, pero, hazte un favor:  cómprate el libro y léetelo. No te pido más. Me juego la mano derecha a que, como poco, te hará pensar. Y con un poco de suerte, hasta cambiar un poco. En la buena dirección, idealmente. No te pido llegar a las semanas laborales de 4 días (ahí quiero llegar yo), o a las jornadas laborales de 4 horas (ojalá llegar allí, especialmente si son 4 días de 4 horas a la semana), pero con que recuperes la calma en tu trabajo y el tiempo de pensar, hagas un hueco en tu “apretada” agenda para ti y los tuyos, recuperes al menos 1 actividad no relacionada con tu trabajo que te guste y dejemos de glorificar el trabajar, trabajar, trabajar, a mí ya me vale. Y a ti también, ya verás.

Paz!

L.

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Lucas

Mi nombre es Lucas. Generación del 71. Harlysta y esquiador. Trabajando en el mundo del Marketing y la Comunicación desde 1994. Por cuenta propia desde 2006, ayudando a las marcas a (re)conectar con sus clientes. Y eso suele incluir repensar mensajes, beneficios, textos, estrategia de marca, canales y formas de contarlo. Con un gran peso de todo lo digital, como es natural en estos tiempos.
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