El sindrome del copiloto

Me gusta conducir. Me gusta viajar. Montarme en el coche o subirme a la moto y acelerar. Sentirme uno con la carretera. Acelerar, frenar, tumbar, disfrutar en definitiva. Pero tengo que ser yo quien conduzca. Si ese mismo viaje lo hago en el asiento del copiloto… es otro viaje. Posiblemente hasta malo.