La tiranía de los críticos

Caerle bien a todo el mundo es imposible. Es más, diría que no es ni deseable. Por eso mismo, que los críticos no te frenen. Debemos rebelarnos ante la tiranía de los críticos en las Redes Sociales. No podemos dejar que los que más gritan nos marquen la agenda. No podemos permitir que quienes empujan en sentido contrario a la marcha sean quienes nos marcan el ritmo. La agenda la marcas tú, en base a tus objetivos de negocio, de los que deberían nacer tus guías de comunicación.

El flautista ya no es la marca

Las marcas siguen queriendo ser el flautista de Hamelín. El que hace sonar la flauta y consigue que todos los clientes salgan de sus escondites y les sigan, hipnotizados, hasta el punto de venta, donde la reunión se convierta en un frenesí de compras por impulso. Pero el cuento ha cambiado mucho en los últimos tiempos, y si bien sigue existiendo la figura del flautista, resulta que ahora quien sopla esa flauta ya no es necesariamente la marca, sino que cualquiera de nosotros puede hacerlo. De hecho, cuando quien sopla es “alguien como yo”, alguien con quien nos podemos identificar y que no forma parte de la marca, esa música suena mejor a nuestros oídos…

No necesitas vender. Lo que necesitas son clientes.

No confundamos el enfoque ya desde partida. Ya tendremos tiempo de cagarla cuando seamos una multinacional de miles de departamentos. La clave no es vender. La clave es solucionar algún problema a alguien y que ese alguien nos conozca. La venta será la consecuencia directa de eso. Preocúpate primero de entender a tus clientes, de ajustar tu propuesta a eso que necesitan y ya verás como vendes…

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El lenguaje nos delata. Son demasiados años en los que las marcas estaban acostumbradas a estar en su podio, por encima de los mortales, invirtiendo en spots de tele y cuñas de radio, diciéndonos qué teníamos que hacer los simples mortales, y claro, llegan aquí, al 2.0, y creen que esto funciona igual. Ellas marcan el camino, los borregos van detrás en formación. Y eso es lo que aplican. Siguenos en Facebook, dicen… pero ¿por qué? ¿Y no os suena a orden gritada? A mi si, y creo que esto debería ser otra cosa…