Lo que no está escrito en tu web, no existe

Es posible que seas mi proveedor perfecto. Mi media naranja. Que los servicios que ofreces sean excelentes, el foco de tu negocio exactamente el que yo necesito, y tus referencias impecables, pero si no lo cuentas…. nunca lo podré saber.

Puede ser incluso que lo estés contando, pero cuentas tantas cosas, y en un no-orden no-aparente, que me resulta difícil saber si me tengo que centrar en las fotos de gatitos tan monos que subes en tu facebook, las citas inspiradoras de tu instagram o los textos farragosos y llenos de keywords de tu web.

En realidad lo que me pasa es que no tengo paciencia, y a mis ojos impacientes, tu página web, tu presencia en redes, e incluso los emails que un día cometí el error de aceptar, y que afortunadamente Gmail se encarga de «ordenar» por mi, me recuerdan un bazar chino. Con todo respeto por los bazares chinos, dicho sea de paso. Pareces hacer de todo, tener de todo y saber de todo. Y todo con el mismo nivel de importancia, calidad e interés. Sea este el que sea, que tampoco me queda claro.

Esto, que así leído puede parecer un tanto exagerado, es MUCHO más frecuente de lo que nos creemos. Afortunadamente para mi, cabría añadir, ya que mejorar esa comunicación de puntos fuertes, adecuar el tono, el lenguaje y los canales, son unas de mis áreas de trabajo habitual con clientes. Pero aparte de ese pequeño desliz egoísta y medio spammer que me acaba de salir, es un poco lástima que no nos demos cuenta de que lo que no se cuenta, no existe.

Y creo que nos pasa porque seguimos teniendo una crónica falta de empatía. Seguimos escribiendo desde el nosotros, y no desde quien nos lee. Seguimos dando por supuesto mucho conocimiento que no existe, mucho interés que no es tal, y lo solemos juntar con otro mucho de superioridad por nuestra parte en nuestro planteamiento. Me recuerdo demasiado al clásico ese del «¿pero tú no sabes con quién estás hablando?«, que en la mayoría de ocasiones acaba con un, «la verdad es que no, y tampoco tengo mucho tiempo para que me cuentes«, y lo siguiente que se oye es un click de despedida.

Si a esto le sumamos que los usuarios no estamos tan interesados en la marca o producto como en los beneficios que esa marca o producto va a generar en nosotros, el cocktail molotov (tranquilo, Ministro, es sólo una metáfora!) está servido, ya que normalmente los responsables de marca centran precisamente su comunicación en marca/producto, o como mucho en prestaciones, pero pocas veces en beneficios y muchas menos aún en el territorio de la marca, aquel conjunto de momentos, situaciones, ámbitos o áreas con las que queremos asociarnos… para que al final sean los usuarios los que nos asocien con ellas.

Así que ya sabes, en internet, como en la vida real, si quieres algo, dilo. Y como el tiempo – y la paciencia – es finito, antes de hablar, piensa. Ordena y prioriza tus deseos, y en base a esa priorización, comunica. Porque lo no que está escrito, lo que no se cuenta, no existe.

Paz!

L.

PS.- Sólo hay una excepción a esa regla. Todo lo que tenga de malo tu producto, aunque tú no lo cuentes, siento decirte que no dejará de existir. Básicamente, porque alguien se encargará de contarlo por ti. Y no olvides que, en estos tiempos, el rastro digital – especialmente el que van dejando por ahí tus usuarios – es el que alimenta las futuras búsquedas. Tú sabrás cómo quieres ser encontrado…

 

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Lucas

Mi nombre es Lucas. Generación del 71. Soy Harlysta, esquiador y eMTBiker. Trabajando en el mundo del Marketing y la Comunicación desde 1994. Por cuenta propia desde 2006, ayudando a las marcas a (re)conectar con sus clientes. Y eso suele incluir repensar mensajes, beneficios, textos, estrategia de marca, canales, audiencias y formas de contarlo. Con un gran peso de todo lo digital, como es natural en estos tiempos.

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