La velocidad está sobrevalorada

Ding! Te suena una notificación. Es un aviso de comentario en tu página de Facebook o una mención en twitter o un comentario en el blog. ¿Qué haces? Si estás leyendo esto, la fácil es que como poco la leas, y muy posiblemente, la contestes. En tiempo real, que es lo que todos decimos que hay que hacer en redes.

Cling! Te suena una notificación. Es un aviso de nuevo email. ¿Qué haces? Lo normal es que dejes todo y abras la pestaña – porque la tienes siempre abierta y lo sabes – y lo leas. Para luego marcarlo de nuevo como «sin leer» en muchas ocasiones.

Diring! Te suena una notificación. Es un aviso de que NoSeQuién ha publicado un nuevo [POST] o un nuevo video, o una nueva foto o VayaUstedASaberQué. ¿Qué haces? Pues ir a curiosearlo, claro, que un descansito siempre viene bien.

¿Atiendes a todo en tiempo real? Cada vez conozco más gente que cree que eso es lo adecuado, que eso es lo correcto. Pero también recibo cada vez peores emails, peores contestaciones, peores reacciones a interacciones en redes. Y creo que está directamente relacionado. Creo que estamos obsesionándonos por ese (adorado) tiempo real, pero estamos perdiendo otra obsesión que creo que es mucho más sana: la obsesión por la calidad. Creo que es mucho – pero mucho – mejor tardar 2 horas (o 6, por decir algo) en contestar un mail si eso sirve para que la contestación realmente responda a la pregunta planteada, que mandar un mail que se nota que está contestado a desgana, de medio lado, y mientras se hacen otras tres cosas. Porque se nota! Y además, tiene efectos colaterales: el cliente se mosquea (la respuesta no vale para nada), y recontesta pidiendo más explicaciones (con lo que nuevamente vuelve a requerir nuestra atención).

De hecho, al email le estoy cogiendo cada vez más manía, pero no es tanto por la herramienta como tal, sino por el (mal) uso que normalmente solemos hacer de ella. Y estoy poniendo remedio. El email no es un chat, el email no es una lista de tareas, el email no es un repositorio de documentación, ni una reunión a 15 bandas. De hecho, nos ahorraríamos miles de emails si al recibir uno de esos farragosos que no tienes muy claro cómo contestar… levantáramos el teléfono. Pero vamos, que no quería hablar de eso, que me desvío.

Quería hablar de cómo estamos perdiendo el control de nuestro tiempo, por querer estar presente de forma constante en demasiado lugares, por querer contestarlo todo en tiempo real, sin darnos cuenta que en demasiadas ocasiones hacemos eso… porque es más fácil que otros piensen por nosotros y nos organicen el día, porque pensar y estructurar las tareas de la jornada… es un coñazo.

Y luego pasa lo que pasa. Todo el día de medio lado, derrapando entre tareas, picoteando aquí y allá, y no cerrando (o ni siquiera empezando) aquello que realmente es importante PARA NOSOTROS, no para los demás.

Seguiría con esto, pero es que me acaba de entrar una notificación de nueva mención en twitter y tengo que contestarla. Espero me entendáis. 😉

Paz!

L.

PS.- Dejo aquí enlazado el video de esta semana que, oh casualidad, habla de esto mismo. Ah, y como es video, te lo puedes poner y escucharlo mientras haces otra cosa. Así ni me escucharás a mi, ni harás bien la otra cosa… (Si lo haces mándame un tweet a @CalvoConBarba confesándomelo, please, y así nos reímos juntos)

 

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Lucas

Mi nombre es Lucas. Generación del 71. Soy Harlysta, esquiador y eMTBiker. Trabajando en el mundo del Marketing y la Comunicación desde 1994. Por cuenta propia desde 2006, ayudando a las marcas a (re)conectar con sus clientes. Y eso suele incluir repensar mensajes, beneficios, textos, estrategia de marca, canales, audiencias y formas de contarlo. Con un gran peso de todo lo digital, como es natural en estos tiempos.

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