Marca la diferencia

Una de las mayores ambiciones, al menos de las verbalizadas, de la mayoría de las marcas es «ser diferentes«. El problema es que, como dice Marketoonist, últimamente parece que todas tienden a diferenciarse en la misma dirección. Que viene siendo tan inútil como un giro de 360º. Te quedas como estabas.

La esencia de la diferenciación es precisamente separarse de la masa, destacar, y eso nunca lo conseguiremos siendo como los demás. Si te limitas a seguir las tendencias, a fluir con la corriente, lo que estás, como mucho, es evolucionando – en el sentido de no quedarte atrás – pero en ningún caso te estás diferenciando.

El principal problema de ese deseo – no realizado – por la diferenciación es que obliga a la reflexión, a la toma de decisiones y a la acción. Y eso cuesta más que hacer abdominales. Además, elegir implica renunciar y ese es un verbo que cuesta demasiado conjugar. Vivimos en la era de la inclusión y parece que elegir es pecado mortal.

Pero resulta que el verdadero pecado mortal es lo contrario. Lo que de verdad nos mata es el seguidismo, la no diferenciación, el generalismo, los lugares comunes y la falta de opiniones propias. Es imposible gustarle a todo el mundo. Incluso contraproducente. Es imposible llegar a todos los sitios. Asúmelo cuanto antes y deja de correr como pollo sin cabeza. Es imposible hacerlo todo a la vez. Especialmente si además quieres hacerlo bien

Elige tu posicionamiento. Construye una visión. Ten opiniones. Déjalas salir a luz. Que impregnen tus acciones. Define un camino. Elige con quién lo quieres compartir. Selecciona a quién quieres conquistar. Y no te salgas de esa ruta. Desprecia los atajos y las luces de colores, y mantente firme. Recorre TU camino, y pasa de la autopista. Aunque a ratos tengas que ir campo a través. Tendrás más baches, posiblemente habrá menos gasolineras, mucho más polvo, a ratos no tendrás donde parar a tomar un café, e irás más lento, pero las vistas serán mejores. Y sobre todo, será tu camino. Y solo lo compartirás con quienes eligen esa ruta porque piensan y valoran lo mismo que tú, en lugar de con gente que está ahí, rodando como zombis, aislados en su burbuja, camino a otra parte, que te adelantan sin ni siquiera verte.

Deja de esconderte en la masa. Haz el ejercicio de mirar adentro y definirte, y busca lo que te hace diferente. Tu diferencia. Poténciala, expónla, lúcela. Pártete la cara incluso por defenderla, si es necesario. Es lo que hará que al menos algunos se fijen en ti, e incluso te recuerden. Y es mucho mejor ser visto por algunos que ignorado por muchos.

Paz!

L.

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Lucas

Mi nombre es Lucas. Generación del 71. Soy Harlysta, esquiador y eMTBiker. Trabajando en el mundo del Marketing y la Comunicación desde 1994. Por cuenta propia desde 2006, ayudando a las marcas a (re)conectar con sus clientes. Y eso suele incluir repensar mensajes, beneficios, textos, estrategia de marca, canales, audiencias y formas de contarlo. Con un gran peso de todo lo digital, como es natural en estos tiempos.

Comentarios

  1. Era joven y me vi con dos esquís debajo de mis pies, delante un cartel que me congelaba – aún más que la ventisca que azotaba aquel día – y en el que se podía leer «pista sólo para expertos».
    No sabía lo que era un experto, pero si que sabía que yo no podía serlo.
    – Aita (eso que decimos los vascos para llamar cariñosamente a nuestros padres), yo no bajo por ahí.
    – Alex, yo voy a bajar y te garantizo que tú, puedes hacerlo.
    Comenzó a esquiar hasta que se paró varios metros más abajo.
    Me lancé y en el primer quiebro que tenía que hacer a la derecha, me trastabillé y me caí.
    – Levanta y vuelve a probar – gritó el tipo del bigote, que no se apiadaba de mi frustración-.
    Me caí, me levanté, me caí, me levanté… pero bajé.
    Mi mayor tesoro siempre ha sido tenerle ahí abajo, dejándome encontrar mi camino, fuese por donde fuese… pero analizando mis errores y dando consejos siempre que he llegado abajo. Ya sea en el skí o en la vida en general.
    Es mi mayor suerte, unos padres que me hicieron ver – no se limitaron a contármelo – lo duro y frustrante que puede ser emprender tus caminos, recorrerlos a tu manera y finalmente, disfrutar y aprender del resultado.
    No hace falta ser un experto en nada, basta con tener una habilidad – o quizás un producto – que otros no tienen pero desean.

    1. Cuánto enseña el esquí… y los aitas!

      Ahora toca disfrutar ese camino propio, Alex, y construir ese producto – o esa habilidad – que otros no tienen pero desean…

      Gracias por compartir esa experiencia!

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