¿Quién es tu/nuestro enemigo?

De la misma forma que cuando queremos ponernos en forma nos dicen que lo ideal es marcarnos un objetivo, para así ser constantes y encontrar un “por qué” más allá de perder unos kilos, cuando queremos crear una tendencia o una comunidad – o integrarnos en una que ya existe – lo ideal es encontrar un enemigo al que enfrentarnos todos a una. Y cuanto más concreto sea ese enemigo, más capacidad tendrá de arrastre.

Correr este año mi segunda Behobia” o “Volver a entrar en el traje en la boda de mi prima” tienen mucha más fuerza que el genérico “ponerme en forma”, “invertir en salud” o “añadir años a mi vida” cuando hablamos de recuperar la forma y perder kilos, porque son concretos, con una fecha de cierre y un resultado y beneficio personal claro. Pues lo mismo, pero al revés, pasa con los “Salvar el planeta”, “Dejar un mundo mejor a nuestros hijos” o “erradicar el hambre en el mundo”, que están bien como enemigos aspiracionales, pero no generan demasiado cambio real en nosotros ni en nuestra actuación en el día a día porque se quedan demasiado arriba.

Hemos visto estos días como algo tan absurdo e irrelevante (al menos para mí) como Eurovision era capaz de agrupar a su alrededor a una parte importante de la población (por encima del 50% de audiencia en TV y seguro que una cifra aún mayor del porcentaje de conversación en TW y Whatsapp) al estilo de otros eventos igual de absurdos e irrelevantes (al menos para mí) como los partidos de fútbol. Pero en ambos casos tienen algo en común: un enemigo contra el que luchar (desde el confort del sofá, eso sí, que una cosa es gritar y otra luchar de verdad…)

lo que necesitamos es un chispazo que nos mueva ahora, un balazo a los pies que nos haga bailar

Y ahora, llevémonos esto a las marcas, que tanto se llenan la boca últimamente con sus propósitos grandilocuentes y las ambiciones de cambiar el mundo. Porque quizás se equivocan con eso. Por una parte, por lo que ya hemos comentado en muchas ocasiones de que la mayoría son propósitos de corta/pega. Los puede decir cualquiera. Y por otra, y para mí casi más importante, porque son demasiado ambigüos, ambiciosos, globales y de largo plazo. Y lo que necesitamos es un chispazo que nos mueva ahora, un balazo a los pies que nos haga bailar, un grito que nos haga reaccionar AHORA y hacernos ver que estamos en el mismo bando, luchando contra el mismo enemigo.

Lo que igual nos lleva también a pensar que en esta época de falta de atención y de foco, lo que tenemos que pensar es en objetivos muy concretos, muy pequeños, muy de ahora, y que sea su concatenación la que dibuje una línea que nos lleve a ese objetivo mayor que queda tan lejos que ni vemos ni nos importa. No quiero tanto conocer tu propósito, como conocer tus acciones y ver que están alineadas con mis valores y me sirven de impulso para mis aspiraciones.

Igual lo que nos está fallando es esa capacidad de bajar las ambiciones planetarias a acciones diarias. Esos pequeños gestos que nos hacen cambiar percepciones, nos permiten participar de conversaciones reales, y nos dan acceso al grupo de los elegidos. A la tribu.

Y eso se consigue posicionándonos, compartiendo lenguaje, referencias y cultura, dialogando, aportando, visibilizando, actuando, en definitiva, además de publicando grandes frases que nadie se cree.

La fórmula de The Alchemist de la que ya hablé hace unos meses: CWF + RTB (Connect with fans + Reason to buy, por si te da pereza hacer click e irte a leer el post, que te lo noto en la mirada)

La primera parte hay marcas que la bordan. Que me vengan a la cabeza de estos últimos días Ryanair riéndose de los cryptobros en su cara (como hacemos muchos) o Pescanova autoconvertiéndose en meme en el payaseo este de Eurovisión, por poner 2 ejemplos tontos. Es la segunda la que quizás nos falla más, que una cosa es ser graciosito, y otra dar razones por las que deberíamos comprarles.

Como decía en el post de la semana pasada, nadie dijo que hacerlo bien fuera un camino fácil y rápido…

Paz!

L.

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Lucas

Mi nombre es Lucas. Generación del 71. Soy Harlysta, esquiador y eMTBiker. Trabajando en el mundo del Marketing y la Comunicación desde 1994. Por cuenta propia desde 2006, ayudando a las marcas a (re)conectar con sus clientes. Y eso suele incluir repensar mensajes, beneficios, textos, estrategia de marca, canales, audiencias y formas de contarlo. Con un gran peso de todo lo digital, como es natural en estos tiempos.

Comentarios

  1. Pues el post que mencionas CWF + RTB no tiene ningun desperdicio. Ojalá haya quien le pique el gusanillo y lo lea!. En mi caso, que trabajo con emprendedores y startups pequeñas, eso que has puesto es la clave para generar cualquier tipo de rendimiento real. Ganar dinero vamos. De manera honesta.

    Pero volviendo a tu post origen, el de esta semana, el del enemigo. Yo creo que mas que enemigo es el adversario, aquel que se opone a nuestro firme deseo de conquistar algo, porque enemigos – gente que no nos quiere – hay muchos, y obstaculos, aquellas cosas que se interponen entre la meta a alcanzar y nosotros, hay menos. Menos aunque comunes a muchas personas, por eso es tan hermoso eso que dices de mezclarnos con nuestro cliente objetivo, porque en el fondo todos tenemos adversarios comunes, y no es tan importante mi discurso (el de proveedor de soluciones) como la solución que nace desde alguien de la tribu – y todos podemos ser parte de una tribu con tiempo y ganas – para precisamente ayudar a esa tribu o a ese cliente que quiere que le vaya mejor la vida.
    Gracias por tus perlas Lucas que traen frescura y una forma de entender un poquito mejor este loco mundo de las ventas.

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