Es bueno tener límites

“Para ser respetable hay que tener limites”

Esta frase, sacada de Peaky Blinders, me viene al pelo (pun intended) para reflexionar en voz alta sobre el último “avance” presentado por Amazon.

Alexa ya es capaz de hablar con la voz de quien tú quieras, tan solo con alimentarle con un audio de 1 minuto de esa persona. Si eso en sí mismo no fuera suficientemente aterrador (jamás vas a poder fiarte de una llamada telefónica a partir de ahora si este modo experimental se acaba comercializando, y se acabó la posibilidad de usar la voz como identificador biométrico, salvo que obliguen a meter una “huella” sonora por ley – y se cumpla… – a las voces generadas por IA), el colmo, al menos para mí, es que lo justifiquen como una forma perfecta de mantener vivo el recuerdo de tus familiares fallecidos.

En el video que proyectaron para su presentación en la conferencia re:MARS, se ve, tras una breve intro en la que hablan de la “empatía” de la IA, cómo un niño le pide a Alexa que Grandma (su abuela, se supone que fallecida) le termine de leer el cuento, y al instante su voz sale del altavoz “inteligente” y empieza a leer. Aterrador, insisto. Directamente sacado de Black Mirror.

Entiendo que podría haber casos de uso en los que sí puede llegar a tener sentido, que puede aliviar uno de los mayores problemas actuales de la sociedad occidental (la soledad, especialmente de los mayores) o que puede ser algo que dé juego (que Kim Bassinger, Paul Newman, o la vecina del 2º te den los buenos días, o te digan “cositas”, seguro que puede tener su punto para ciertas personas), pero le veo tannnnntas derivadas negativas (psicológicas, legales, sociales…) que creo que no compensa.

Como dije en twitter cuando leí la noticia por primera vez, si este es el futuro, yo prefiero el pasado. De largo. Me pasa lo mismo con el Metaverso. Más aún cuando veo algunas de las primeras “aplicaciones” presentadas por Meta; ropa de diseño para avatares.

No sé cómo, no sé quién, pero alguien debería levantar la voz y decir que aunque algo sea posible, quizás no debería desarrollarse. Que hay otras cosas en las que centrar el desarrollo. Que el beneficio económico no debería ser el único motor del mundo, y que hay avances que en realidad son retrocesos. Y en esto las marcas también pueden posicionarse para dibujar el mundo al que sus clientes aspiran.

Y no nos centremos solo en esto de la voz de tu abuelita saliendo de los altavoces de Amazon o en los avatares vestidos de Balenciaga en el Metaverso de Zuckerberg. La misma reflexión puede aplicarse a otras muchas cosas que ya existen hoy en día y son mucho más mundanas. ¿Hasta dónde está tu marca dispuesta a explotar las posibilidades de la segmentación y el análisis de datos para perseguir a potenciales clientes con retargeting? ¿Autorizas que tu call center emita llamadas durante todo el día? ¿Compras bases de datos promocionales a brokers de datos de dudosa reputación? ¿Utilizas patrones de diseño que hacen que la gente haga click inadvertidamente en determinadas zonas de tu web? ¿Explicas tus términos y condiciones de manera comprensible o los escondes en 96 páginas plagadas de terminología legal?

Son tantas y tantas las ocasiones que tenemos de desmarcarnos de lo posible y elegir lo que consideramos correcto, aunque eso no “maximice” las posibilidades existentes, que no deberíamos despreciar esa oportunidad que también nos define. Porque es bueno tener límites… y contarlos.

Además, eso también retratará a quienes no los respetan.

Nosotros y ellos. Los otros. El enemigo común al que enfrentarnos que nos une.

Engagement en la buena dirección.

Aunque los algoritmos la silencien.

Paz!

L.

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Lucas

Mi nombre es Lucas. Generación del 71. Soy Harlysta, esquiador y eMTBiker. Trabajando en el mundo del Marketing y la Comunicación desde 1994. Por cuenta propia desde 2006, ayudando a las marcas a (re)conectar con sus clientes. Y eso suele incluir repensar mensajes, beneficios, textos, estrategia de marca, canales, audiencias y formas de contarlo. Con un gran peso de todo lo digital, como es natural en estos tiempos.

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