“Tenemos que hacer aquello que resuene con nuestra audiencia” parece ser un mantra de nuestros tiempos pero, ¿quién es la audiencia?
Joan Tobau soltaba una perla en ese sentido en la intro del email de presentación de uno de sus episodios del podcast, intentando “justificar” la temática del mismo, teóricamente alejada de sus temáticas habituales y decía que “si Kapital está funcionando es porque hago lo que quiero, no lo que me pide la audiencia. A fin de cuentas, ¿qué es la audiencia? ¿La opinión mayoritaria entre unos oyentes? ¿Por qué deberían ellos tener razón y no el resto?”
Y es que asimilar audiencia con seguidores es una paradoja muy de nuestro tiempo. ¿Y si resulta que quienes te siguen, te siguen por las razones equivocadas? O al menos, por razones que no son las que tú querrías que movieran a la gente a seguir tu contenido/marca. O que no están en el área geográfica que a ti te interesa, o que directamente no tengan intención o capacidad de ser tus clientes. Salvo que estés en la industria del entretenimiento y vivas de los likes, ¿deberías ajustar tu mensaje, discurso, contenido a sus deseos? ¿Estarías entonces construyendo tu plataforma o la de ellos? ¿Estarías dejando de ser fiel/interesante/atractivo a ojos de quien de verdad quieres conquistar?
Es la misma mierda que vivir siempre replicando virales, te conviertes en traductor/adaptador, no en creador. Y NO es lo mismo.
¿No habíamos quedado que era vital tener discurso propio para destacar y construir?
Estamos rodeados de marcas-fotocopiadoras, demasiado asustadas con salirse del patrón, no vaya a ser que dejen de recibir caricias en el lomo en forma de likes, views, follows y comentarios, aunque estos no se conviertan en loqueseaqueestanbuscando (ventas, descargas, emails, suscripciones…). Pero a su vez enarbolan bien alta la bandera del propósito, la diferencia y la singularidad, en un alarde de hipocresía (y fotocopismo, una vez más), porque es lo que se lleva ahora, como lo fueron los náuticos en los 80.
Como decía la semana pasada, quizás gran parte de este problema desaparecería si desaparecieran las señales públicas de aceptación. Si no hubiera un contador de likes, de comentarios, de seguidores junta a cada pieza de contenido. Si no hubiera datos públicos de alcance, de audiencia, de impresiones. Porque cuando los hay, nos convertimos en masa, en moscas atraídas por la miel… o por la mierda, da igual. El caso es ir donde está Vicente y hacer lo que hace Vicente.
Sin pensar siquiera si nos gusta Vicente, Vicenta… o Maria Luisa.
Pero ahí vamos, a mover el cu-cu.
Y a bailar al son que más alto suena.
Marketing de verbena.
Paz!
L.
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