Algo adelantaba en el post de la semana pasada, que cerraba precisamente diciendo que “tener seguidores no es tener comunidad. Y algunas lo van a descubrir por las malas.”
Y es que, en estos tiempos donde parece que lo único que sirve es la viralidad, estamos creando falsas ilusiones y esperanzas a demasiadas marcas. Dime, ¿qué marca (o qué cuenta) estaba detrás de los últimos 3 virales que viste la semana pasada? Ya respondo yo por ti, no tienes ni idea.
De hecho, me juego la mano izquierda a que ni siquiera sabes cuáles fueron, porque tampoco tienes ni idea del número de visualizaciones de lo que el algoritmo te va sirviendo. Tú simplemente lo ves y pasas al siguiente una vez visto. O antes, porque te cansas a los 3 segundos.
¿Seguiste alguna de las marcas/autores de esos virales? ¿Te suscribiste, descargaste o compraste algo después de verlo? Creo que también puedo contestar a eso por ti sin mucho riesgo a equivocarme, verdad? Como mucho, lo recompartiste porque te gustó, pero ni te has molestado en mirar si esa misma cuenta ha publicado otras cosas que dicen lo contrario, que te generan rechazo, o que te harían bloquearla.
Entonces, a qué viene esa obsesión con el “hazme un viral”? De qué sirve que te vean millones de personas, si luego ni saben que estás tú detrás, ni les importas?
Ya lo hemos comentado en muchas ocasiones, las redes sociales ya no lo son. Ya no son sociales. Ahora son puras redes de contenidos. Netflixs de piezas cortas servidas en un ciclo constante directamente en el teléfono, a personas que las miran como quien ve llover. Sin prestarles atención. Con el cerebro apagado. Ruido blanco. Muñequitos que se mueven en la pantalla dejando poco rastro y mucho gasto.
Y no, hacerlo con IA no arregla nada.
Coleccionar seguidores tampoco, si a estos seguidores no les importas ni les alcanzas de nuevo de manera recurrente con contenidos que para ellos sean relevantes.
De hecho, ya hay quienes predican un cambio completo de orientación de los contenidos, y que visto que en determinadas redes y formatos (tiktok y youtube fundamentalmente) éstos llegan a más usuarios que no te siguen que a seguidores, que enfoques todo tu contenido de esa manera, a gente que nunca ha oido hablar de ti, evitando frases como con la que empezaba este post, porque las posibilidades de que cada pieza sea un primer impacto son muy altas.
Además de insistir en que ahora mismo son un juego de volumen, no de calidad. Lanza 100 videos al día, todos los días, y quizás 2 o 3 se pegarán.
El problema es que en muchas cabezas seguimos equiparando seguidores o visualizaciones con comunidad, y son cosas distintas. La primera es un interés puntual (propio o provocado por el algoritmo), la segunda sólo es posible cuando se desarrolla un vínculo, o se comparten unos valores, principios u objetivos.
Entonces, qué es mejor, una audiencia de 10.000 sujetos pasivos o una comunidad de 1.000 personas comprometidas? Pocas dudas, no? Y a esas cifras les puedes añadir (100.000/10.000) o quitar (1.000/100) ceros a voluntad, hasta ajustarse a tu realidad y tus posibilidades, que el resultado seguirá siendo el mismo.
Y ahí está el error de tantas marcas: obsesionadas con “hacer ruido”, descuidan el vínculo.
Por lo tanto, deja de intentar impresionar a gente a la que no importas, e intenta enamorar a aquellas con las que puedes construir una historia común, un viaje, un recorrido vital. Te dará muchas más alegrías y, si tú realmente eres como estás proyectándote, te facilitará la vida. Porque sólo tendrás que mostrarte tal y como eres, y predicar aquello de lo que estás plenamente convencido. De corazón. Sin máscaras, sin disfraces, sin preocuparte por el trend, o el audio de moda.
Porque lo que eres, es suficiente.
No para todos.
Pero sí para suficientes.
Para los que de verdad importas.
Tu comunidad.
Paz!
L.
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