Este dibujo de marketoonist (si no lo conoces, no sabes las joyas que te estás perdiendo) resume a la perfección una situación lamentablemente demasiado común.

Alguien hace algo (en el dibujo, dejar su email para leer un artículo, pero puede ser descargar un pdf, registrarse en una app o cualquier otra acción que implique dejar un email), y a partir de ahí la marca se cree que está autorizada a inundarle el buzón con otros mil contenidos.
Y no es así.
O al menos, no (siempre) debería ser así.
Una cosa es estar interesado en eso en lo que el usuario ha (de)mostrado interés, otra muy distinta es tener interés en todo lo demás, o pensar que de repente, esa marca y su contenido/oferta han de ser una presencia constante en el buzón de correo de esa persona.
Tenemos que tener claro qué papel jugamos en la vida de ese usuario, qué interés tiene en nosotros, y en qué punto se encuentra nuestra relación. Y, sobre todo, no creernos más de lo que somos. No confundir lo que nos gustaría ser, o lo que la marca es para nosotros, con lo que a día de hoy somos para esa persona.
Para quienes trabajan en la marca, eso es su vida, pero para los demás, casi con seguridad no lo es.
Busquemos un equilibrio.
Enseña la patita, da pistas, opciones, pregunta, muestra caminos, posibilidades, demuestra tu valor y lo que puedes hacer por esa persona, pero no entres como elefante en cacharrería con tu contenido, especialmente si es descaradamente comercial.
Porque eso espanta.
¿O alguna vez has ligado tú a base de acercar el morro a la primera persona con la que te chocas por la calle, o con la que cruzas una mirada?
Ya te digo yo que no. Eso es acoso.
Sembrar, y enamorar, llevan tiempo, como decíamos la semana pasada.
Regar por inundación no es eficiente, y de hecho puede arrasar con todas las semillas y pudrirlas.
Riega por goteo.
A cada semilla, la cantidad de agua que necesita.
Ni más (que las ahoga), ni menos (que las mata).
Y eso es lo complicado.
Acertar con el tono, el contenido y la periodicidad.
Pero es que esto es un juego de dos, no un monólogo.
Y si no sabes, no te montes un huerto.
Hay que compensar nuestros intereses como marca (o nuestras necesidades de vender…), con los de la otra parte, los que potencialmente nos podrían comprar.
Cuando lo entiendes, la puerta se mantiene abierta, y pasito a pasito podemos acercarnos hasta la cocina.
Cuando te equivocas, la puerta te da en las narices.
Así que ojo con abrir la manguera demasIAdo.
Y sí, lo de poner la “i” y la “a” en mayúsculas lo he hecho a idea, no es un error.
Seguro que sabes por qué lo digo.
Paz!
L.
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