La década de los 2000 fue la de los bloggers
La de los 2010 la de los twitteros y los instagramers
Las de los 2020 la de los microinfluencers y de tiktok
¿Qué marcará la década de los 2030?
Esto se preguntaba en voz alta Ismael El-Qudsi en Linkedin el otro día, y es una duda a la que también le llevo dando vueltas yo un tiempo.
A su pregunta yo le contestaba que “Mi apuesta es que no querremos pantallas. Lo que no sé es si las sustituiremos otra vez por lo presencial (todo vuelve…), o surgirá un “algo nuevo” que aún no conocemos.”
Y creo que no es una idea tan descabellada. Llevamos años tan saturados (hiperestímulo, ruido, sobreproducción, fatiga de atención, algoritmos que deciden por nosotros…) que cada vez más personas empiezan a querer respirar fuera de este ecosistema. Pero también tengo dos certezas:
- somos seres sociales, así que buscaremos la forma y la fórmula de seguir compartiendo intereses, inquietudes, conocimientos y aprendizajes,
- pase lo que pase, lo que perdurarán son las marcas. Tanto las comerciales como las personales. Porque cada vez más necesitaremos diferenciarnos de la masa.
Creo que esas dos ideas/conceptos son combustible suficiente para replantearnos cómo enfrentar el futuro desde el punto de vista del marketing y la comunicación de marcas. No ya el lejano, sino incluso el cercano, porque a la velocidad a la que ahora se mueve todo, igual los cambios llegan antes de lo que pensamos.
Y es que igual llevamos un tiempo mirando las cosas de la manera equivocada.
Llevamos años tan volcados en lo digital, que quizás hemos perdido algo de perspectiva. De repente, un pequeño comercio, una persona anónima, podía construir audiencias millonarias, y todos quisimos seguir esa senda. Y empezamos a medir todo en followers, visualizaciones y capacidad de generar interacción, aunque fuera regalando iPhones, que en sí mismo no dejan de ser egometrics no directamente (o no necesariamente) ligadas a negocio.
La ola tenía tanta inercia, que era más importante preocuparnos de grabar el siguiente reel, de hacer la siguiente foto, de lanzar el siguiente sorteo, de escribir la siguiente publicación, que de preguntarnos para qué lo estábamos haciendo y si estábamos moviéndonos en la dirección adecuada. Era más importante el comentario de una persona random de Albacete que jamás nos iba a comprar, y tener contento al algoritmo de una empresa americana o china que velaba por sus propios intereses, que entender y atender a nuestro cliente actual.
Ahora todo eso parece estar cambiando.
Una vez más, porque ya sabemos que todo es cíclico.
Ahora no tener seguidores es cool. Tener un perfil cerrado o sin publicaciones es cool. No interactuar con el contenido que consumimos, y hacerlo sólo por privado, es lo normal. Hablar de detox digital es tendencia. Incluso quedar para leer, hacer crochet o escuchar música analógica dejando los móviles y tablets fuera de la sala.
Así que no es del todo raro que la gente “externalice su cerebro” a una IA y, como dice @uriondo, el resultado es que su carta de presentación ante el mundo es que son tan torpes como vagos. Al menos nos echamos unas risas.
¿Tiene sentido seguir dedicando tiempo, neuronas y dinero a las redes viendo su evolución?
Sigo creyendo que sí, pero quizás cambiando el enfoque. De hecho, es lo que defenderé este jueves en una charla que me han pedido desde la AFE, (donde se juntan IFEMA, Fira BCN, Feria Zaragoza, BEC, Feria Valencia y resto de organizadores feriales…) en su congreso anual. Trabajando mucho más el para qué y teniendo claro el para quién. Que creo que debería estar cada vez más lejos de la búsqueda del alcance planetario, y más enfocado en la construcción de comunidades pequeñas, cercanas y afines, combinado con la posibilidad de provocar interacción en el mundo físico.
Y, a poder ser, desde perfiles personales.
Creando una constelación de mensajes lanzados desde diferentes puntos de vista, perspectivas, tonos y enfoques, dirigidos a diferentes audiencias, que sirvan de andamio para la marca global a la que representan y con la que se asocian, ya que marcas personales y marcas institucionales/comerciales deben caminar de la mano.
Porque, como decía en mi respuesta a la pregunta de Linkedin, sí que veo cada vez más señales de una vuelta a lo físico como reacción a los excesos de lo digital y al mundo sintético al que todas las señales parecen querernos llevar, gobernado por agentes de IA y avatares virtuales, en el que ya nunca más tendremos la certeza de si lo que vemos en una pantalla es real o está generado por ordenador con un prompt personalizado y optimizado para nosotros, así que diferenciarnos, trabajar nuestra reputación, construir autoridad y demostrar humanidad son valores aún más relevantes que cuando todo esto comenzaba.
Aunque sólo sea para que la IA nos cite en sus respuestas como fuente.
¿Volverán también los blogs?
Algunos nunca nos fuimos.
Paz!
L.
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