Campañas basadas en datos… y ego.

Ha llegado ese momento del año en el que las redes se llenan de los Spotify WrapsYoutube Recaps, el resumen de tu año en Strava, y en cualquier momento llegará también el de tu carnicero de confianza, con un gráfico de qué cortes de vaca y de cerdo has comprado más durante los últimos meses.

Y seguramente se convertirá en un contenido súper compartido porque esa mezcla de datos, curiosidad, gracieta y EGO es una mezcla perfecta para ello. Sin ir más lejos, este año la chorrada de que Spotify te calcule tu “edad musical” en función de lo que has escuchado ha inundado muchos feeds, para satisfacción de Spotify y disgusto de muchos usuarios, hartos de la tontada.

Porque todo esto, disfrazado de contenido centrado en el usuario, no es sino una brillante campaña de las plataformas para conseguir viralidad, y con ella autopromo. Una forma genial de sacar partido a los datos que acumula de sus usuarios para formatearlos de una manera que les masajee su ego y se convierta en contenido compartible.

Que tampoco es nada nuevo, que las listas son un ejemplo clásico (la última la de CMOs publicada por Forbes, obviamente compartida por los mencionados, como siempre ocurre) utilizado por muchas marcas y usuarios, para conseguir visibilidad

Porque el EGO es una de las palancas clásicas que sigue funcionando en casi todos los medios y canales. Masajea el ego de tus clientes, y conseguirás que se conviertan en tus mejores embajadores. A todos nos gusta sentirnos especiales, es lógico y natural, y la reacción (lógica y natural también) en estos tiempos de sobreexposición en los que vivimos es compartir esos momentos en cuanto los encontramos. Cualquier listado en el que somos mencionados en positivo, gráfico en el que aparecemos, resumen de datos que nos muestra como alguien interesante/relevante/activo o lo que sea, siempre que sea algo bueno, tarda menos que una chocolatina a la puerta de un colegio en aparecer en nuestras redes. Y si añade estadísticas del tipo “estás en el top 5% de…”, como en tiempos hacía Linkedin, tardará aún menos… aunque ese 5% en realidad sea un conjunto de varios millones de personas. Y nuestro ego bailará una sardana para celebrar. Porque somos así.

Las marcas que lo entienden, lo explotan, y hacen bien. Es una oportunidad de activar a su masa de usuarios y ganar visibilidad de manera relativamente sencilla. Lo complicado es dar con la idea de cómo empaquetar la información para hacerla atractiva, y convertir la acción de compartir en algo sencillo. Un click, y listo. Elige la red y lúcete, ¡porque tú lo vales!

Un ejemplo perfecto de una acción Win-Win, en la que las dos partes quedan satisfechas y consiguen su objetivo.

Al final, estas campañas funcionan porque no van de datos, van de identidad. Spotify no te enseña lo que has escuchado: te enseña quién eres cuando te miras desde fuera. Y eso, si lo empaquetas bien, si lo haces divertido, si lo divides en cápsulas fáciles de compartir… es un espejo en el que mucha gente se quiere ver reflejada.

La lección para las marcas es sencilla: el ego no es un truco, es una palanca. Pero como toda palanca, sólo funciona cuando mueve algo que ya estaba ahí. No vale con sacar un gráfico porque toca o porque “todas las plataformas lo hacen”. No vale con sacar algo que hable de ti, tiene que hablar de tus usuarios, y presentarles de una forma en la que ellos mismos se vean atractivos. Hay que encontrar ese ángulo en el que los datos se convierten en historia, la historia en identidad, y la identidad en una pieza que el usuario comparte sin pensarlo dos veces, porque habla bien de él o de ella.

Esa es la verdadera magia del Wrap: no te dice nada que no supieras… pero te lo dice de una manera que te hace querer enseñárselo al mundo.

Es la magia de los datos, de la narrativa… y de los egos.

Paz!

L.

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Lucas

Mi nombre es Lucas. Generación del 71. Soy Harlysta, esquiador y eMTBiker. Trabajando en el mundo del Marketing y la Comunicación desde 1994. Por cuenta propia desde 2006, ayudando a las marcas a (re)conectar con sus clientes. Y eso suele incluir repensar mensajes, beneficios, textos, estrategia de marca, canales, audiencias y formas de contarlo. Con un gran peso de todo lo digital, como es natural en estos tiempos.

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