¿Cuánto es mucho? ¿Cuánto es poco?

Si algo nos ha cambiado internet, y particularmente las redes sociales, es el marco de referencia. Antes nuestras referencias eran cercanas, ahora son planetarias.

Y la siguiente vuelta de tuerca fue cuando dejamos de elegirlas para que fueran los algoritmos los que lo hicieran por nosotros.

Antes un comercio se comparaba con los de su calle. Los de su barrio. Los de su ciudad. Y poco más. En base a eso podía “saber” si la cosa iba bien o mal. Si entraba más o menos gente en su establecimiento que en otros comparables. Si había algo que podía hacer distinto, mejor o peor.

Ahora ese mismo comercio de Albacete se ve arrastrado a compararse con uno de London, Miami o Pernambuco. Que puede que sean similares, aunque lo más probable es que no tengan nada que ver. Ni en fondo, ni en forma, ni en contexto. Y casi seguro que tampoco en recursos. Pero ahí está, comparando su performance. Normal que todo lo que hace le parezca poco.

Y José Luis, adolescente de Vigo, se compara con un tío de Dubai, mazao, (presuntamente) forrado y montado en un Lambo. Igual que Isabel, adolescente de Valladolid, que imita en el espejo los movimientos de una niña de Paris con un vestidor más grande que el taller en el que trabaja su padre.

Puede parecer trivial, pero no lo es. Para nada.

Alguno dirá que es buenísimo tener referencias aspiracionales, y tendrá una parte de razón. Pero cuando lo aspiracional está tan lejos de lo realista, puede convertirse en losa en lugar de en zanahoria.

Cuando “todo el mundo” corre 10 kilómetros por la mañana a 4´15”, tus 20 minutos a 6´30” después de una jornada agotadora de trabajo pueden llegar a provocarte vergüenza en lugar de orgullo.

Cuando la publicación de tu marca recibe 20 likes y todo lo que te muestra tu feed no baja de 1.000, puedes interpretarlo como que no le interesas a nadie, cuando a lo mejor tan solo tienes capacidad para atender a 8 clientes y eso es casi el triple.

Hemos perdido la perspectiva.

O la hemos cambiado tanto, que ya no sirve de referencia, y estamos intentando competir en ligas que no son la nuestra.

No eres Starbucks, no eres Apple, no eres Coca-Cola.

Y ojo, que hasta sus cifras habría que ponerlas en perspectiva. En Instagram, las publicaciones de Starbucks en lo que llevamos de año, salvo un par lanzadas junto a las Kardashian, tienen entre 10k y 60k likes. Y tienen 17,7M de seguidores. 60k likes es menos del 0,4% de interacción (sobre seguidores, aunque debería hacerse sobre impresiones, ya lo sé). Eso mismo, con tus 400 seguidores serían 1,35 likes. Si tienes 2, ya tienes más interacción que Starbucks. Aunque quede pocho en el muro.

El problema es que hemos educado a nuestro cerebro para interpretar esos números como sinónimo de calidad/validez/valor, sin tener en cuenta el contexto.

Porque quizás tus 45 likes tengan mucho más valor que los 450 de otros.

Puestos a buscar referentes, busquémoslos entre aquellos con los que realmente nos podemos comparar. E incluso en ese caso, bájale un par de puntos el volumen a lo que veas y de lo que no tengas contexto.

Ya lo decían Violadores del Verso.

De lo que ves créete la mitad. De lo que no ves no te creas nada.

Otro enfoque es dejar de compararte y publicar para que quien te encuentre te vea y le guste/aporte lo que ve, y no para intentar llegar a todo el mundo, como le decía la semana pasada a mi QueridaMarca, y así te liberarás de gran parte de la presión y la frustración de ver que tu alcance e interacción no es el que ves en otros (a los que quizás ni deberías mirar).

O a lo mejor la decisión adecuada es ni estar y buscar alternativas.

O estar, pero con ciertos indicadores apagados.

Porque nada es para siempre.

Las redes tampoco.

Y menos, viendo su evolución.

Paz!

L.

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Lucas

Mi nombre es Lucas. Generación del 71. Soy Harlysta, esquiador y eMTBiker. Trabajando en el mundo del Marketing y la Comunicación desde 1994. Por cuenta propia desde 2006, ayudando a las marcas a (re)conectar con sus clientes. Y eso suele incluir repensar mensajes, beneficios, textos, estrategia de marca, canales, audiencias y formas de contarlo. Con un gran peso de todo lo digital, como es natural en estos tiempos.

Comentarios

  1. ¡Totalmente de acuerdo! Hace tiempo que digo exactamente lo mismo. Cuando lo he dicho en una clase con gente «joven» me miran raro porque, para ell@s, lo normal son los miles, no el hacer esa regla de tres o analizar cual es, o debería ser, el volumen real de tu audiencia. Eso ni lo contemplan.
    Lo que está claro es que la conciencia que nos crea las redes sociales va más rápido y es más apabullante de los ajustes que puedan llegar a hacer las propias redes para que eso no ocurra (si es que hacen algo, claro).

    Muy buen reflexión, sí señor.

    1. El problema de que «no se les ocurra» es que puede generar una frustración brutal, porque esa realidad que ven no es tal. Es Fantasía. La misma que pensar que «cualquiera» puede meter una canción en los 40 o de número 1 en Spotify porque solo escuchen música ahí.

      Y las consecuencias las vamos a pagar cada vez más caras

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