Cuando cualquiera puede hacer cualquier cosa (o eso nos venden), de repente la ejecución deja de tener valor, y lo que tiene valor es el criterio de elegir qué hacer. Y el gusto de hacerlo “bien”. Y no me refiero solo a estética, sino a la capacidad de ver qué es lo que la sociedad o la audiencia está deseando recibir, aunque ni siquiera ellos lo hayan expresado todavía.
Y ojo que lo del gusto lo dice hasta el presidente de OpenAI.
Y yo estoy en su barco. Aunque con matices.
El matiz principal es que todavía no es verdad lo de que cualquiera puede hacer cualquier cosa. Nos digan lo que nos digan. Básicamente porque muchos no saben (no sabemos) ni pedirle a la IA lo que queremos que haga. Y lo digo desde la experiencia personal, que estoy “programando” un par de ideas y es un sufrimiento sin saber código, arquitectura o, simplemente, lógica de programación. Lo de lanzar un prompt y que la IA te lo programe todo, listo para ponerlo en producción, es pura fantasía, al menos por ahora. Al menos con el conocimiento de un usuario no programador y la forma de usar las herramientas como un no programador, insisto. Igual que un no fotógrafo/videógrafo no sabrá pedirle cómo quiere que genere esa imagen que tiene en la cabeza porque no sabe describirla.
Y el otro matiz es considerar el criterio y el gusto como algo nuevo, cuando en realidad es un revival. Siempre ha habido gente con mejor gusto que el resto. Gente que acaba marcando tendencias a pesar de no ser técnicos. Piensa en Steve Jobs o en Rick Rubin. O en el chico de tu colegio que marcaba tendencia. Tenía gusto. Tenía estilo. Tenía criterio propio. Y narices para ser distinto al resto.
Y es que eso es lo que nos falta en esta era de fórmulas.
Sobra gente sobreanalizando todo, identificando estructuras, hooks, cadencias, formas, formatos, patrones… que luego copian hasta el aburrimiento, buscando la maldita monetización, despojando de todo atractivo a esas estructuras, hooks, cadencias, formas, formatos o patrones, que a base de usarlos se acaban convirtiendo en el nuevo estándar a evitar.
Falta gente haciendo la guerra por su cuenta, sin seguir esas estructuras, hooks, cadencias, formas, formatos y patrones. Gente que se lance a hacerlo como le nace, inyectando personalidad a sus acciones, diferenciándose del resto simplemente siendo como realmente es, no como el algoritmo dicta que sea.
Y si eso implica perder algo de lo que ahora consideramos estándares ya no deseables sino casi necesarios (los seguidores, las views…), bienvenidos sean. Porque como decía una de las (maravillosas) ilustraciones de Mr. Skelly el otro día, anything you lose by being real is fake. (cualquier cosa que pierdas por ser real, es falsa).
Es curioso cómo en un mundo cada vez más dominado por la tecnología y su apabullante velocidad, sea algo que por definición se cuece a fuego lento lo que vaya a servir para separar el oro de la paja. O de la mierda.
Quizás la inesperada vuelta de tuerca de toda esta fiebre tecnológica que va a arrasar con todo es que habilidades blandas como la belleza, el buen gusto, el criterio o la capacidad de contar historias que conecten sean más necesarias que nunca para salvarnos del ruido con el que cada vez está más claro que nos van a enterrar.
Ahora lo difícil será que no reduzcamos todo a aplicar las mismas estructuras, hooks, cadencias, formas, formatos o patrones y creamos que eso es tener gusto.
Que no pensemos que podemos encapsular el gusto en un prompt.
Porque el gusto no se copia. Se tiene.
Y si no se tiene de salida, se cultiva.
Paz!
L.
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