Comunicando por capas

Hace unos días me llegó, no sé muy bien cómo o por dónde, un clip de un video de un podcast en el que una actriz británica explicaba algo que, al menos para mí, es inquietante: en Netflix ya se escriben los guiones pensando en que probablemente no estés mirando la pantalla.

Esta es la razón por la que en muchas series los actores explican de viva voz lo que están haciendo (”voy a la cocina”), lo que está pasando en pantalla (”hay alguien ahí fuera”), o hacen un repaso rápido de la trama de la serie de viva voz, para que aunque estemos a otra cosa, con el móvil o la tablet en la mano, podamos seguir el episodio sólo escuchándolo de fondo.

Y esto, aunque no nos demos cuenta, es un síntoma de algo mucho más grave. Porque si estamos diseñando el entretenimiento para ser consumido sin atención… ¿cómo narices hacemos para comunicar algo con profundidad?

Seguimos avanzando en la estupidificación del consumidor, embobado en su mundo de pantallas, luces y colorinchis, cada vez con la neurona más atrofiada y sedada, moviéndose casi en piloto automático. La misma estupidificación que hace que las productos lleven unas instrucciones absurdas para asegurarse de que no nos bebemos el champú, no paramos las motosierras con la mano o que descongelamos la merluza congelada antes de servirla a la mesa.

¿Es este el camino “normativo” que han de seguir las marcas si quieren medrar? Más allá de cubrirse de la “demanditis” del mercado americano (razón por la que los fabricantes de motosierras advierten de no pararlas con la mano…), ¿debemos adaptar nuestros productos y servicios a ese nivel de (no)atención actual, de usuarios que no leen y “multipantallismo” enfermizo, o tratamos al cliente como alguien inteligente aún a riesgo de perder parte del mercado?

Porque, coexistiendo en paralelo, está la versión contraria, la de los clientes agénticos. IAs que acceden a la web vía API/MCP para “entender” el producto/servicio y con eso presentar su recomendación al usuario. Cero distracciones. Full atención. Siempre con sed de más.

¿Deberíamos trabajar a dos niveles entonces? ¿Mascadito para el consumidor estupidificado y despistado, y con todo lujo de detalles para los agentes de IA?

No hablo de despreciar al visitante humano, ni de simplificar el mensaje, sino de dar una estructura “por capas, algo que ya estamos viendo de facto en muchas landings.

Una estructura clara, con niveles de profundidad creciente, que permita entender lo que hacemos/vendemos leyendo en diagonal (titulares, subtítulos explicativos, jerarquía visual trabajada, lenguaje claro, beneficios presentados como bullets, casos de uso, testimonios para generar identificación rápida…), pero también bajar más al detalle (FAQs, datos estructurados, metadatos, contenido profundo, contexto, comparativas…), seamos usuarios en fases avanzadas del proceso de decisión de compra, o agentes de IA “escaneando” (parseando) el contenido.

Porque estamos pasando a pasos agigantados del “si no tienes web no existes” o el “si no estás en google no existes” al “si un agente de IA no puede leer tu web, no existes

Y existir queremos existir, no?

Aunque a veces sea lícito que nos entren dudas a la vista del futuro que ya está aquí.

Paz!

L

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Lucas

Mi nombre es Lucas. Generación del 71. Soy Harlysta, esquiador y eMTBiker. Trabajando en el mundo del Marketing y la Comunicación desde 1994. Por cuenta propia desde 2006, ayudando a las marcas a (re)conectar con sus clientes. Y eso suele incluir repensar mensajes, beneficios, textos, estrategia de marca, canales, audiencias y formas de contarlo. Con un gran peso de todo lo digital, como es natural en estos tiempos.

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