Creo que ya tiene nombre lo nuestro: AInsiedad.
Esa mezcla entre ansiedad, FOMO y la sensación de que todo el mundo está haciendo cosas increíbles con la IA… menos tú.
Que vivimos tiempos convulsos sobra decirlo, es de perogrullo. Que si la IA para esto y la IA para otro es tema recurrente hasta en las conversaciones de ascensor. Al menos en los ascensores de los edificios de oficinas.
No paramos de ver y escuchar cómo no sé quién ha hecho no sé qué maravilla con la IA, y cómo el de al lado también. O eso cuentan. Y en cambio tú le pides algo, y lo que te devuelve es mediocre y genérico, porque ni se lo sabes pedir, ni sabes a quién o dónde hacerlo.
Y te da entre rabia y vergüenza.
Hemos pasado de escuchar que aprender a programar era la mejor inversión posible de futuro, a ver cómo los programadores dicen que ya no programan (que eso lo hace la IA), solo revisan y coordinan. De que nos digan que la clave es un buen prompt y que la profesión del futuro era ser prompt engineer, a que nos digan ahora que la clave es un buen .md con las instrucciones y un sistema de carpetas al que nuestros agentes tengan acceso. De contratar informáticos, a ver cómo las empresas de IA empiezan a contratar… filósofos.
Igual va a resultar que pensar es (de nuevo) más importante que codificar los pensamientos en lenguaje máquina, vete tú a saber.
El problema de fondo es que seguimos tomando el rábano por las hojas. Confundimos la herramienta con el objetivo. No creo yo que el objetivo “de la informática” sea escribir código, sino en todo caso construir procesos que permitan resolver problemas. De la misma manera que el objetivo del branding nunca ha sido hacer logos y presentaciones bonitas, sino generar diferenciación, reconocimiento e identificación.
Las herramientas cambiarán. Los fundamentos, bastante menos.
Si las webs, los logos, las presentaciones o el contenido se hacen con plumilla y en papel, o con IA y en ordenador, es medianamente irrelevante. Lo relevante es si el resultado logra su objetivo.
Si ahora – gracias a la IA, claro – te lanzas a construir una marca, todos sus assets, su sistema de diseño, sus puntos de contacto, su manifiesto, su logo, página web, su plataforma de marca, su contenido, misión, visión, valores, merchandising, material de punto de venta y todo lo que se te pueda ocurrir, pero el resultado es genérico y “blando”, otro clon más de la estética imperante, no estás construyendo una marca, estás haciendo un ejercicio de fin de curso. Que lo estés haciendo en 20 minutos con un prompt que te ha compartido un pavo en linkedin poniendo la palabra “branding” en comentarios te debería haber dado alguna pista.
Más allá de los early adopters, y los 4 avanzados con capacidad de probar y aprender, que son 4 a pesar de que estén todo el día dando la matraka en twitter y en linkedin, lo que veo a mi alrededor es gente preocupada y perdida. Con más miedo que ilusión, indecisa e insegura ante tanto cambio y posibilidades que cambian la manera de afrontar su trabajo. Que prueban y ven que todavía no. Que lo que reciben no les vale. Que en realidad les genera más trabajo del que les quita y que no saben para dónde tirar. Presionados por arriba y por abajo. Por quien quiere ahorrar costes, y por quien quiere sustituirles. Bloqueados porque el día a día se les sigue comiendo, y a la vez con miedo a quedarse atrás. O peor aún, de quedarse fuera. Descolgados.
Pura AInsiedad.
Estamos intentando, sacando huecos de donde no los hay, dominar una herramienta que cambia cada 15 días, sin tener claro realmente qué queremos construir con ella.
Y así es imposible no vivir con la sensación de ir siempre tarde.
No tenemos ni idea de cómo será nuestro futuro. Ni siquiera el más cercano. Lo único que parece cierto es que será más caro y más rápido. Pero nadie sabe si será mejor. O mejor para quién. Y esa incertidumbre es la que nos bloquea. La que nos está matando.
Y en ese lote me incluyo.
¿A qué le dedico tiempo? ¿A lo que hay hoy o a lo que vendrá mañana? ¿Me espero a que se asienten las aguas y entonces me meto? ¿Estaré perdiendo el tiempo ahora dedicándoselo a todo esto, o se me estará escapando el tren si no acelero? ¿Reventará por algún lado todo? ¿Será por el mío?
Y en medio de todo esto, las obligaciones no se paran. Se amontonan.
Cuando a duras penas puedes mantener la cabeza fuera del agua entre tanta ola, yo te diría una cosa. Céntrate en dos cosas. En respirar y en mover las piernas. No intentes a la vez hacer piruetas. Eso ya lo harás cuando pase la serie.
Define y asienta las bases de tu marca. A quién te diriges, qué problema solucionas y cómo lo cuentas. En qué eres distinto al resto. Qué beneficio obtienen quienes te compran. Por qué deberían confiar en ti. Qué te hace especial. Por dónde no quieres cruzar. Cómo te comportas, hablas, te expresas y luces. Quién eres y cómo quieres ser percibido. Cómo te relacionas con tu entorno. Cuáles son tus procesos. En qué crees. Por qué existes.
En este juego de rol en el que todo se está convirtiendo, necesitamos poder definir con claridad nuestro personaje. Para enseñar a lo que sea que esté por venir, que no sabemos lo que será, a comportarse como nosotros. Sea con un prompt, un .md, en morse o por telepatía, pero que lo que haga, lo haga como tú quieras, no como diga la media ponderada.
Solo así será de utilidad para ti, y no solo para su aprendizaje y mejora.
Nadie debería definir por ti quién quieres ser, ni cómo quieres presentarte ante el mundo.
La que has l(IA)do, pollito.
Paz!
L.
Cuánto disfruto leerte
Abrazo virtual.
Muchas gracias!!