Para ser digital, piensa antes en analógico.

Puede sonar contraintuitivo, pero creo que es una recomendación sensata, de sentido común, en (demasiadas) ocasiones ausente en las tomas de decisiones de los procesos de transformación digital de las empresas.

Lo digital” todavía nos viene grande en muchas ocasiones, y esa grandeza, ese cuasi infinito de posibilidades, esas tan cacareadas bondades, como su supuesta gratuidad, su alabado alcance universal, su versatilidad, rapidez de modificación y adaptación, la trazabilidad de sus acciones y demás definiciones que de forma repetitiva leemos día si y día también acaban por superarnos y hacernos perder la cabeza a veces.

Las grandes intenciones están muy bien, son muy necesarias para avanzar, pero es un buen ejercicio bajarlas al terreno y ver hasta qué punto son realistas. Demasiados proyectos de transición digital nacen pasados de ambición, deslumbrados por lo posible más que por lo necesario. Que pueda hacerse no quiere decir necesariamente que tú tengas que hacerlo.

La coherencia on-off toma cada vez más relevancia. La multicanalidad/omnichannel manda. El consumidor no diferencia entre canales en su proceso de relación usuario-marca y los tonos, estilos y mensajes han de ser coherentes. De poco sirve que externalices tu pata digital si esa gestión acaba por dejarte mal en el mundo offline.

Deja de leer blogs que te llenan la cabeza de pájaros, deja de mirar – con envidia y de reojo – lo que hace tu competencia, o esa empresa que algún día te gustaría ser y analiza tu negocio actual. ¿Qué haces bien? ¿Qué tipo de público tienes? ¿Qué puntos de tu relación son mejorables? ¿Qué podrías hacer para convertirlos en meMorables? Toma eso como punto de partida y construye a partir de ahí. Busca la coherencia, la honestidad, el sentido común y por encima de todo el respeto hacia tus clientes. No hagas en digital lo que no harías en físico. No prometas lo que no puedes cumplir. No ambiciones lo que no sabrías gestionar si lo tuvieras.

Aprende haciendo, claro que si, pero aprende a gatear antes de lanzarte corriendo colina abajo.

Piensa como tendero, y luego busca la herramienta que te permita ampliar la escala, pero no al revés. No hay nada malo en ser pequeño, y en cambio hay mucho malo en ser incoherente.

En el MundoReal™, mandarías una foto de gatitos a todos tus clientes? Hablarías a tus clientes en genérico o les saludarías por su nombre? Les contarías a todos lo mismo? Les seguirías hablando aunque no te escucharan? Les confundirías hablándoles un día 15 veces y luego estando 15 días sin dirigirles la palabra? Les interrumpirías constantemente, desde el momento en el que entran en tu tienda y luego mientras pasean por tu establecimiento para pedirles su email, para ofrecerles un folleto, para decirles que se apuntaran a un curso, para decirles que le cuenten al mundo que están en tu tienda? A poco normal que seas, la respuesta a todo será no. O debería serlo.

Igual lo que tú haces en físico no tiene sentido en digital (porque el público es distinto). Igual es porque el canal en el que lo quieres hacer no es el adecuado, o igual es porque las formas no lo son (déjate aconsejar por un profesional). O igual tras el ejercicio que te planteaba al principio la conclusión es que no tiene sentido hacer en digital lo mismo que haces en físico y descubrimos que el canal o la tecnología te permite ofrecer otro ángulo que va a dar nuevos horizontes a tu negocio.

En cualquier caso, deja de obsesionarte con tener 10.000 fans, con capturar 10.000 mails, con alcanzar las 5.000 descargas de tu whitepaper/ebook/app. Trata de lujo a tus primeros 100 usuarios, conócelos, diseccionalos, compréndelos, igual que ya haces (o harías, en caso de que tu proyecto nazca directamente en digital) si estuvierais cara a cara. Deja que esas primeras relaciones sean las que te den las pautas para las siguientes, y date un tiempo para que se desarrollen.

Siempre lo he dicho, las relaciones digitales son como los txuletones. Están mejor si los dejamos curar unos días. No te aceleres. No te obsesiones. Y ya verás qué gustazo el día que alcance su punto óptimo de maduración y le hinques el diente… Otro nivel!

Paz!

L.

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Lucas

Mi nombre es Lucas. Generación del 71. Soy Harlysta, esquiador y eMTBiker. Trabajando en el mundo del Marketing y la Comunicación desde 1994. Por cuenta propia desde 2006, ayudando a las marcas a (re)conectar con sus clientes. Y eso suele incluir repensar mensajes, beneficios, textos, estrategia de marca, canales, audiencias y formas de contarlo. Con un gran peso de todo lo digital, como es natural en estos tiempos.

Comentarios

  1. Me quedo con “Que pueda hacerse no quiere decir necesariamente que tú tengas que hacerlo”.

    Me ha recordado a un par de post que Aza Raskin escribió allá en la prehistoria (¡aún existían los relojes digitales!) y en el que comparaba el sencillo, usable y fácilmente comprensible interfaz de un reloj analógico, con la complejidad desaforada de los relojes digitales.

    “The problem is that anybody who has tried to set both a digital watch and an analogue watch doesn’t actually think that digital watches are a “pretty neat idea”. They’re just too hard to use.” (http://www.azarask.in/blog/post/a_pretty_neat_digital_watch/)

    “setting the time on a digital watch requires the same amount of information as trying to type the sentence “cogito ergo sum”. If someone told you to type that on a watch with only four buttons, you’d tell them they were crazy.” (http://www.azarask.in/blog/post/know_when_to_stop_designing_quantitatively/)

  2. Bueno, como para todo en la vida, hay diferentes niveles de habilidad y diferentes capacidades de adaptación a las nuevas tecnologías, y obviamente, como digo en el post y tú resaltas, que pueda hacerse no implica que deba hacerse.

    Por otro lado, y me viene genial el ejemplo que pones, el CONTEXTO es crítico, así como, en casos “complejos” lo es el reparto de tareas. Consultar la hora en un reloj analógico creo que es objetivamente más difícil que en uno digital. En el digital sólo hay que saber leer los números, en el analógico hay que “entender e interpretar” la posición de las agujas. Por contra, ponerlo en hora puede que sea al revés (una vez entiendes el concepto de la esfera del reloj, claro está). Ahora bien, ¿debe ser la misma persona capaz de consultarlo y de “parametrizarlo”? Quizás no… 😉

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