Comunicar sin molestar

El gran reto que tenemos hoy en día es encontrar el equilibrio. Hacernos presentes, pero no omnipresentes. Trasladar nuestros mensajes, pero no inundar con ellos a quien queremos conquistar. En definitiva, comunicar sin molestar.

Me contaba el otro día Ricardo Tayar, en una conversación que mantuvimos en Clubhouse, que el último dato que había leído era que recibimos de media unos 6.000 impactos publicitarios diarios. Por otro lado leía yo esta semana que apple está trabajando en una tecnología que sustituirá nuestros teléfonos actuales por gafas (y en unos años más por lentillas), a través de las que ver el mundo con una capa interpuesta de realidad virtual. Confío en que vengan con un ad-blocker instalado de serie, porque no quiero ni pensar en esos 6.000 impactos persiguiéndome por la calle mientras paseo. Esa nueva hiper-realidad puede ser una maravilla, o algo horroroso, insufrible.

Y ese reto ya lo estamos viviendo. Y el origen de todo creo que está en el exceso de oferta y en la naturaleza de los productos y servicios que se nos ofrecen. La mayoría de ellos absolutamente innecesarios, orientados al ego, al ocio, al placer o puro signalling. Pocos cubren necesidades verdaderas, por lo que necesitan el ruido para creárnoslas, y a partir de ahí crear preferencia. Y como hay tanto ruido instalado en nuestras vidas, necesitan hacer aún más para ser vistas. La pescadilla que se muerde la cola. Ruido para intentar salir del ruido. Todas aspirando a construir recuerdo, incitar a la compra, y a partir de ahí conseguir nuestra recomendación. Pocas lo consiguen. Más del 77% de las marcas podrían desaparecer y no lo sentiríamos, como repito muchas veces.

Y la solución casi nunca es aumentar el volumen, sino más bien mejorar el mensaje, el momento en el que lo lanzamos, y la selección de a quién se lo hacemos llegar. Porque más nos vale asumir que ni somos lo más interesante en la vida de nuestros potenciales clientes, ni les interesamos en todo momento, ni desde luego le interesamos a todo el mundo.

Porque molestar, interrumpir e insistir cuando no procede, nunca, NUNCA, es la estrategia adecuada.

Paz!

L.

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Lucas

Mi nombre es Lucas. Generación del 71. Soy Harlysta, esquiador y eMTBiker. Trabajando en el mundo del Marketing y la Comunicación desde 1994. Por cuenta propia desde 2006, ayudando a las marcas a (re)conectar con sus clientes. Y eso suele incluir repensar mensajes, beneficios, textos, estrategia de marca, canales, audiencias y formas de contarlo. Con un gran peso de todo lo digital, como es natural en estos tiempos.

Comentarios

  1. Puede que las grandes marcas se puedan permitir (aparentemente y por un plazo de tiempo) no responder a las interacciones, tengo claro que las pequeñas y medianas no.
    El Sol sale todos los días, le digas lo que le digas y además lo necesitas a tu lado y lo echas de menos cuando no sale…. de todo lo demás puedes cambiar de proveedor.

    1. Nadie está hablando de no responder a las interacciones. Al menos yo no lo pretendía plantear así. La interacción es un bien cada vez más escaso y al que se debería reaccionar siempre. Lo que intentaba plantear en el post es que sobran intentos de provocar esas interacciones por parte de las marcas, muchos de ellos mal segmentados, mal pensados e incluso directamente molestos. Y que precisamente así será complicado conseguir generar esa preciada interacción…. positiva.

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